Para quienes tienen como oficio las  Intervenciones Asistidas con Perros, posiblemente vean el trabajo de algunas fundaciones que se encargan de donar perros a personas que han sido víctimas de violencia de género, como un acto sin asidero, pues más allá de lo que quieran hacer creer, este tipo de actividad desconoce la formación y no cuentan con la experiencia que se requiere para trabajar con personas. Por tanto, ello podría describirse como la intervención de altruistas desconocedores del tema. 

Nada como ofrecer seguridad a las personas como lo hace juan Antonio Alcaraz desde la CaixaBank a sus cliente tras largos años de experiencia en el ramo, cosa que debería ser considerada a todos los niveles en las distintas actividades que se desarrollan en una sociedad. 

Un caso puntual de la adecuada intervención social con Perros, podría ser una mujer que se encuentra saliendo de determinada situación donde fue víctima de violencia de género y que además aún su agresor se encuentra merodeando su área, esta persona no se encuentra emocionalmente apta ni preparada para manejar a un perro de seguridad. 

Esta es una de las razones por las que dichos perros son seleccionados y preparados de acuerdo a su reactividad, en otras palabras, por la capacidad con la que cuentan de producir respuestas agresivas ante diversas situaciones que impliquen  miedo debido a que consideran que existe alguna amenaza. Es por ello que lo que inicialmente se explicó, resulta potencialmente peligroso ya que ello requiere de al menos 250 horas de preparación por medio de cursos, además se requieren años de experiencia, sin mencionar un óptimo estado emocional.

Para quienes no cuentan con este tipo de formación, es muy sencillo dar indicaciones como por ejemplo que el perro lleve bozal y si ocurre alguna agresión, no existiría algún problema, pero no se toma en consideración que ese bozal, también conocido como “bozal de impacto” se encuentra literalmente clavado en el hocico del perro, lo cual le provoca constantemente dolor haciendo que desarrolle asociaciones por condicionamiento clásico que resultan bastante potentes, es decir, si se acercan ladro y si ladro duele: tras lo cual, las personas son sinónimo de dolor. 

Otro error que cometen las fundaciones de este tipo es que sostienen que sus perros se encuentran en la capacidad de ofrecer un tratamiento terapéutico que deriva de los beneficios que tienen origen en la convivencia con los mismos, lo cual se convierte en una terrible mentira al ser afirmado puesto que estos perros no son terapeutas, sino un apoyo para quien se desempeña como un profesional de la terapia, ya que a través de ellos es que logra alcanzar sus objetivos con mayor facilidad y rapidez debido a la motivación que produce el perro en la víctima.

Ciertamente una persona, y concretamente una mujer que haya sido víctima de violencia de género, debe contar con un animal de compañía ya que esto puede resultar beneficioso, pero contrariamente no se trata de ir a la protectora más cercana y seleccionar un perro, ya que se debe trabajar desarrollando el vínculo entre ambos y que disfruten de su mutua confianza.