Siempre hemos escuchado decir que vivir con un perro puede resultar beneficioso para los niños. Y es que ciertamente, una mascota tiene la propiedad de mejorar la autoestima de nuestros niños, pero también de enseñarles responsabilidad y ayudarlos a aprender sobre la empatía.

En todo caso, la relación entre los niños y los perros no es algo que comiencen de forma automática como una relación maravillosa. En tal sentido, los padres deben encontrarse dispuestos a enseñarle tanto al perro, como al niño cuales son los límites de comportamiento que son aceptables para que sus interacciones no dejen de ser agradables y seguras.

La mejor manera de elegir a un perro

Posiblemente se nos venga la idea de que los perros y los niños deben crecer juntos, pero existen algunos aspectos que deben ser considerados, como por ejemplo:

Tiempo y energía: debemos tener presente que tener un cachorro requiere de mucho tiempo, paciencia, entrenamiento y supervisión. Además necesitan socializar para que se puedan volver perros adultos que esten bien adaptados. Si tenemos un niño pequeño, sabemos que requiere de mucho tiempo y atención, entonces debemos preguntarnos si tendremos suficiente tiempo para cuidar de los dos.
Seguridad: cuando los perros son cachorros, son bebés, es decir, criaturas frágiles. Si un niño que por naturaleza es curioso y bien intencionado, podría asustar o incluso lastimar a un perro tan solo con querer levantarlo o abrazarlo de forma constante, o simplemente con querer explorar su cuerpo jalándole la cola y las orejas.
Juegos bruscos: de cachorros y de grandes, los perros tienen dientes y uñas que son filosas, por lo que involuntariamente pueden lastimar a los niños pequeños. Los cachorros suelen saltar sobre los niños pequeños y tumbarlos al suelo. Es por ello, que todas las interacciones que surgen entre los niños y los cachorros deben estar supervisadas de cerca y de esta manera se pueden minimizar las probabilidades de lesiones.

Las ventajas de tener un perro adulto

Cuando un perro ya es adulto, este requiere de menos tiempo y atención luego de haberse adaptado a la rutina familiar y de la casa, aunque no debemos obviar que debemos pasar tiempo ayudando al perro con la transición hacia su nuevo hogar. Los adultos debemos estimar de mejor manera lo resistente y tolerante que puede ser un perro adulto ante el entusiasmo de un niño, y con ello, trabajar con su refugio local de animales a fin de adoptar un perro que haya vivido con niños con anterioridad.

Debemos considerar como regla general, si nuestro hijo tiene menos de 6 años, lo mejor será que adoptemos un perro que tenga más de 2 años. Es posible que los cachorros tiendan a ser muy divertidos, por lo que resulta emocionante y gratificante poder ayudarlos a que se conviertan en compañeros maravillosos, pero su entrenamiento y supervisión requiere de bastante más tiempo que con un perro adulto así que debemos pensarlo concienzudamente y en beneficio de todos.